Lo real como simulacro

Confiar es un acto de fe. No se basa en causas objetivas ni en variables estadísticas, simplemente, cuando creemos en alguien, lo hacemos porque depositamos en esa persona nuestras expectativas y porque pensamos que no nos va a decepcionar. Todas las relaciones, como enamorarse o hacerse amigos, se sedimentan en ese contrato previo que se inicia como una creencia, pero se comprueba mediante el testeo de pruebas concretas.

Comparar lo que se dice con lo que se hace no es ninguna ciencia nueva: es el principio por el que nos debemos regir si queremos aceptar las cosas como son, y no como nosotros nos empeñamos en que sean. Es el principio de realidad que Jean Baudrillard proclama muerto: en la vida, comparamos los signos que nos muestran con los referentes que se ocultan detrás de la representación y, muchas veces, caemos en la cuenta (muy a nuestro pesar, muy en contra de la vana convicción de que no somos inocentes y de que no podríamos ser engañados) de que un cuento bien contado no necesariamente es la verdad.

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La ética de la renuncia

Se supone que amar es dar, sin esperar nada a cambio. La doctrina cristiana nos enseña que la verdadera entrega consiste en soportar todo: la bendita otra mejilla. La abnegación, el sacrificio, el olvido de uno mismo en pos del bienestar del otro, la simple actitud servicial y el ego generoso parecen ser requisitos necesarios para el amor.

Lo que estas cosmovisiones, tan afines a un ideal sumiso de las relaciones en la que todo se tolera y todo se perdona, no nos inculcan es que a veces hay que saber decir que no. Y que podemos tener buenos motivos para negarnos a cumplir mandatos ajenos.

El mismo Schopenhauer, abandonado por la única persona de quien estuvo enamorado cuando ella le dijo que “no soy mujer de un único hombre”, reflexionó sobre las injusticias de los viejos conceptos cartesianos y utilitaristas del romance. ¿Es que pensamos, y luego nos enamoramos? Él dice que no, que el pensar y sentir van juntos, en un único momento indisoluble. ¿Hay que renegar de uno mismo para estar con otro? No, de lo que se trata, dice el filósofo (un clásico del pesimismo existencial) es de dejar de tener expectativas en una supuesta plenitud que nunca llega.

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La falsa ilusión de lo especial

En el musical Nine, la mujer del cineasta Guido, dolida y engañada, le retruca a su pareja que ya no tiene más para dar, porque él se llevó todo. En una escena de la película, ella presencia un episodio que le recuerda cómo su marido la sedujo en primer lugar: estaba usando la misma estrategia con otra mujer.

“Gracias, por recordarme que no soy especial”, le dice a Guido. Para ella, darse cuenta de esta evidencia le costó todo un trabajo: tuvo que chocarse con un detalle, con un gesto fingido, para notar que todo era una construcción, una gran mentira. Muchas veces necesitamos toparnos con “revelaciones” que desnudan la verdad y hacen que no podamos seguir negándonos a verla.

¿Cuántas veces vemos sólo lo que queremos ver, y no lo que realmente es? La realidad es también algo tan difuso y subjetivo que es difícil conocerla. Y es toda una tarea convivir en buenos términos con lo que es, y no podemos cambiar aunque queramos. No se puede tener el control de todo, mucho menos de lo que no depende de nosotros mismos.

Como la protagonista de Nine, la opción valiente es enfrentar lo que es, sin temer lo que se pierde. Porque no se retrocede cuando el abandonar una mentira nos hace abrir los ojos. Y no hay nada más gratificante que tener autonomía, decisión y plena conciencia.

Nada del amor me produce envidia

El título de la obra de Santiago Loza ilustra toda una postura y un cambio de mirada sobre el significado de uno de los sentimientos más controvertidos de la historia de la humanidad: el amor. La protagonista de la pieza, una costurera solitaria, no tiene lástima de su situación sentimental y se jacta de estar contenta con su condición, con su aislamiento, con su supuesta infelicidad.

Es que ella es miserable sólo ante los ojos de los demás: la mujer sola, como la fácil o la madre, es tan sólo otro estereotipo que se reproduce al extremo en una sociedad que aún está regida por un punto de vista masculino dominante. Ella, en su mundo propio, no tiene miedo ni se siente abandonada. Es simplemente una elección, y no siente lástima por sí misma porque aprendió a ignorar los murmullos externos que temían por ella y le pedían un cambio. Como los paranoicos con las voces que proliferan en sus cabezas, ella se curó al dejar de escuchar.

Para la protagonista, no importa nada más que ella misma, y es una extraña en un mundo que le resulta hostil. Las reglas que tiene que obedecer para encajar no son sus propias reglas: se siente como la excepción a una organización que la oprime y no le permite ser libre.

Por eso no envidia al amor. Para celarlo, tendría que darle algo. No puede esperar un sentimiento que no llega nunca, porque la capacidad de dar de los otros siempre va más lenta que la voluntad de entrega propia. En su vida, predominó lo unidireccional. Lo recíproco fue siempre una fantasía. Un día, la venda cayó de sus ojos y se dio cuenta de que no valía la pena seguir luchando, si, en el intento persistente, ella era la única que lo intentaba. Se sintió rota, vacía y sin nada más que ofrecer.

Como en el lugar común de la mujer sola, perdió muchas conquistas. Ya no suspira, ni siente, ni sueña con el amor. Pero también ganó mucho: tiene poder sobre sus decisiones, control sobre su existencia y el coraje que le da la certeza de que sólo con ella es suficiente. Por eso, nada del amor que conoció le produce envidia. Sólo puede esperar encontrar lo aún desconocido.

Del amor y mil demonios

Qué se festeja cuando se celebra San Valentín. Del romance como mercado y las utopías noveladas al boom del online dating.

Nada del estar enamorado es universal o eterno. Hay tantas definiciones del amor que no alcanza un día (hoy) ni un lugar (el mundo occidental) para honrar un sentimiento que se supone natural y transhistórico, pero que cambia con el tiempo y las sociedades. Hoy en día, vale la pena preguntarse, como hacía Raymond Carver, ¿de qué hablamos cuando hablamos de amor?

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Mariana Marcaletti

Lic. en Ciencias de la Comunicación (UBA). Periodista. Trabaja en Contenidos Digitales (CMD) del Grupo Clarín. Escribe un blog sobre Malvinas para el diario inglés The Independent. Colabora con la BBC y La Nación.

Es ensayista. Sus publicaciones  ”El teatro familiar de la post-dictadura” y “La industria audiovisual porteña: videojuegos, dibujos animados y telenovelas” ganaron el primer premio del concurso de AINCRIT y de Observatorio de Industrias Creativas (OIC) Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires respectivamente.

Desde 2008 a 2011, fue parte del staff permanente de la sección Cultura del diario en inglés Buenos Aires Herald. Escribe en castellano para NewsweekClarín viajes, revista Acción y en inglés para ABS-CBN (Filipinas), Todo TV News y TVMÁS magazine.

Fue una de dos periodistas de latinoamérica elegidos para desarrollar una pasantía en un medio de comunicación de Asia-Pacífico porAFS intercambios culturales. Fue becaria de investigación UBACyT en el instituto Gino Germani en el equipo liderado por la Dra. Mirta Varela Medios, historia y Sociedad.

Un resumen de su tesis “La representación de la juventud durante la transición a la democracia: Pelito y Clave de Sol” será publicada en breve en el libro “Culturas juveniles. Disputas entre representaciones hegemónicas y prácticas”, compilado por Alejandro Vila, Julieta Infantino y Graciela Castro, editorial Novedades Educativas.

Email: mariamrom@gmail.com

Blog: www.marianamarcaletti.com.ar

Twitter: @mariamrom