“Nuestros corazones han crecido realmente uno en busca del otro, y nuestros pasos van al unísono. Y ese unísono no puede ser perturbado, por más que la vida siga su ritmo. Esos estúpidos que se creen fieles si renuncian a sus vidas activas se atan uno al otro en un exclusivo Uno; ésos carecen no sólo de una vida común, sino que, generalmente, carecen de vida en absoluto. Si no fuera algo tan arraigado, un día habría que decirle al mundo lo que es realmente un matrimonio.”
Hannah Arendt en El amor y la libertad
Sin reivindicar un emblema feminista (porque ella pensaba que la consigna de género por si misma era vana salvo que se ate a una propuesta política más general), Hannah Arendt reveló que parece ser necesario ser mujer para animarse a hablar de amor. Pero no porque los hombres no lo sientan: sino porque, en su afán de obedecer de forma acrítica un modo de ser social legítimamente consolidado, el sexo opuesto oculta los sentimientos y los barre bajo la alfombra, como si con tapar se fuera la mugre.
La consecuencia natural de la relación de Hannah, en ese entonces una joven estudiante judía, con el polémico (por su adhesión al nazismo) intelectual alemán Martín Heiddeger, en ese momento su profesor, casado y padre de dos hijos, fue su escritura y su reflexión reiterada sobre el amor y la condición humana. Como lo muestra la increíble obra Un informe sobre la banalidad del amor, protagonizada por Alejandra Darín y Osmar Núñez, dirigida por Mario Diament, en el teatro El tinglado los viernes y sábados a las 20.30, Hannah se abre a este sentimiento, es defraudada, y reincide una y otra vez, aunque no sabe por qué lo hace.
Continue reading →